El trauma, sin importar su origen, lastima de tal manera la salud y salud mental, la seguridad y el bienestar de la persona, que esta puede llegar a desarrollar creencias falsas y destructivas de sí misma y del mundo. Estas creencias se pueden presentar en forma de pensamientos como: “soy un incapaz, soy un miedoso, estoy indefenso, me van a atacar, soy malo, nadie me quiere, a nadie le importo”; u otros pensamientos tales como: “soy incapaz de ser buen hijo, de cumplir mis horarios, de hablar en público, no sirvo para escribir, no podré ser exitoso, no tengo esperanza”. Estas creencias interfieren con la vida diaria y dificultan tu comportamiento.